La vida
Hoy desperté vacía de tristeza, liviana de soledad, sentí el
calor humano del amor posado sobre mi enorme cama, entrelazado con mis piernas,
aun sus ojos permanecían cerrados, aquello era como ver una obra de arte, me sentí
en una exposición de Gustav klimt. De pronto tal cuerpo se revolvía en mi piel como queriéndose
fundir en mí, suspiró y me sujetó fuerte como para que nunca escapara, pero lo
que hizo fue llenarme de alegría, de esas que te sobran y quisieras donarle al
mundo, luego un beso de buenos días, una sonrisa mañanera que hace juego con esas
arruguitas que nacen de sus entrecerrados ojos y mi pregunta diaria; ¿quieres café?
Mmm… nada como un buen café, negro y al despertar, acompañado de esa alma que
ahora se encuentra junto a ti.
El respectivo estirón que acomoda mis huesitos en cada lugar
correspondiente, y justo cuando voy a levantarme de mi tibia cama, una vocecita
de caricatura me grita; MAMÁ! Y allí estaba, mi pequeño ángel de rizos
enmarañados, todos desordenados como ese caminar vacilante que se acerca para
que le abrace, eso en definitiva supera el café como primera cosa del día; y es
ese mi verdadero desayuno, besos y caricias por un lado, con algo de aumento de
temperatura y la suma de casi 80º entre mi compañero y yo, y por el otro, una
sonrisa, cabellos ondulados tornasolados, pocos dientes, piel pálida y mejillas
como duraznos, aroma de bebe y amor puro sin filtro ni condiciones, amor del
bueno, pero luego mi café. La vida, mi vida.
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